Don Mar

Cada vez que iba a visitar a mi querido amigo Marcos el cielo aparecía con nubes, como despropicio e indiferente hacia nosotros y la celebración de la amistad.

Si tuviera que definirlo como un último personaje lo consideraría como el más importante, pues me vi reflejado en él desde que lo conocí. Como si yo fuera él y me viera a mi mismo desde él. Algo así. No voy a alardear de que siempre que lo vi lo encontré hablando solo. Me explico mejor, cada vez que lo visite luego de lo del club, lo encontré hablando solo. Voy a contar una anécdota de injusticia, de paciencia y de esperanza.

A este caballero, llamado Marcos, que añoraba el mar como quien sabe que alli esta su libertad, lo había conocido en un club de fútbol que ya se cayo a pedazos. Y no solo el club, sino también nosotros mismos, a la deriva. El club fue descalificado de la Liga por falta de pago e irregularidades en todo sentido, desde la inclusión de jugadores que no estaban fichados en el equipo de “primera” hasta algunos vueltos guardados de manera inmoral que hicieron por ejemplo perder el predio que se alquilaba. Todo mal hecho, mal manejado. Tal causa, en realidad consecuencia, nos sucumbió a todos los que anhelábamos jugar algún día por algo importante.

Terminamos, en un barco que se hundía hasta el fin del precipicio, entrenando en un complejo textil donde debíamos abonar unos mangos cada uno para llegar al día sábado y jugar así un torneo de mala muerte en un olvidado paraje conocido como El Tropezón, para poder mantenernos y esperar el milagro de que el club resucite. Tal cosa nunca ocurrió.

Igual, con la esperanza que siempre caracterizo a los desahuciados, seguimos jugando ese torneo sabiendo que era cuestión de instantes que no quedara nadie

compartiendo la causa. Se dice que cuando el barco se hunde, hasta las ratas vuelan. Bueno, aquí terminaron volando hasta las escobas. En el parque textil cada vez se debía mas, porque ya nadie iba, y esa deuda quedó pendiente para nuevas generaciones que intenten levantar el nombre de ese club que desapareció conocido como el/la Real Sociedad de Florencio Varela, que al igual que Deportes Sur, llego a jugar esa liga platense amateur de futbol, y desapareció de un día para el otro, a partir de irregularidades.

Bueno, hasta aquí explicado lo del club, que es una parte valiosa para saber cómo fue que apareció Marcos. Todavía me parece imaginarlo.

Quisiera crear una descripción para no ser tan conciso y decir algo que quizás no quiera. Pero ahí va.

El club en la ruina, el parque textil semivacío, con apenas unos quinces muchachos, dispuestos a realizar un mini partido en esa canchita arenosa, y por allá a lo lejos, un muchacho mira, como lo saben hacer los curiosos y nos dice que viene a probarse, como si fuera esto algo serio, y lógicamente se incorpora al picado, y juega, deambula por la cancha  como lo hacen los que por primera vez comparten un terreno de juego con desconocidos, como pidiendo permiso, sin toma de decisión, sin riesgo, quieto, parado, muerto, inerte. Ese tipo de juego se va a reproducir en toda la etapa de Don Marcos como jugador del desaparecido Real Sociedad.

Demás esta decir, creo, que terminamos entrenando solamente “físico” (o “física” como Don Mar me decía) en la plaza de Varela. Era un circo, nos vestían con unas musculosas que más que diferenciarnos como distintos al resto nos delataba ingenuos, altaneros, y copias de un jardín de infantes cuando salen de excursión y como tienen el mismo uniforme es difícil que se les pierdan a los maestros. Aunque siempre hubo, y habrá atrevidos, como yo, quien escribe el relato, que falte más veces de las que fui para no quedar escrachado como un intento de algo que jamás se iba a conseguir.

Pero no es el caso, el caso es Marquitos. Demostró tener buena resistencia y velocidad en la plaza. Fue citado para un par de partidos de los días sábado a los que aun seguíamos yendo como perros perdidos, y de manera cruel, no fue citado a otros, y de manera catastrófica, en los pocos que fue citado, el pelotudo del técnico lo habrá puesto unos minutos, por no decir que fueron más veces las que no lo puso alegando que no estaba preparado aun. Ahí fue cuando me vi reflejado en su situación.

Esa fue mi renuncia al Real Sociedad.

Si bien Marcos me decía que algo de razón tenía el DT al no incluirlo por no estar preparado, yo lo veía como una injusticia a la condición humana, al sacrificio de dejar de hacer algo para dedicarse a otra cosa. Estaba enojado con el mundo, me agarre unas cuantas veces a piñas con quien algo malo me dijera, y me terminaron diciendo que no vaya más. Quede expulsado definitivamente de eso que había renunciado. No le vi nada positivo a la aventura.

Pero por otro lado, había cosechado un amigo, y eso, en esas tinieblas que me rodeaban, fue valioso.

Dejaron de jugar en ese viejo paraje. El club desapareció. Pocos jugadores acompañaron a los DT´s (había otros además del que nos dirigía) en sus travesías también frustradas.

Yo en lo particular deje de jugar al futbol, y fui algunas veces a visitar a mi amigo Marcos para ver cómo vivía con la gloria lejos de su vida.

En ese lugar desolado, lejísimos de donde entrenábamos, y mucho más de donde jugábamos los sábados, comprobé que estaba en lo cierto. A pesar de todo, él intento perseguir lo que anhelaba. Le pregunte si podía convivir con el dolor de ya no ser y para mi sorpresa dijo que estaba pensando en otras cosas más importantes que el futbol. Comprobé mi ignorancia, mi ingenuidad, una vez más.

No voy a decir que me encontré con la sorpresa de que había empezado a hablar solo. Porque ahí empezaría su relato, nuevamente, solitariamente., y eso le corresponde a él.

Solo voy a decir lo que me dijo, lo que me conto casi susurrando:

Me explico que había cambiado totalmente su vida. Comenzó a dedicarse a los libros para averiguar sobre el mundo, yendo a comprarlos por lugares desolados a sujetos excéntricos, comenzó a hablar con marginados, llegando a entablar una relación con un vagabundo poeta que le explico lo interesante y reconfortante de la lectura y la escritura. Había entrado en un mundo del que se dice que una vez que se entra, es difícil salir. Me recomendó que lo intente.

Finalmente, cuando ya me retiraba, como para detenerme, me comento que había empezado a escribir sobre la amistad entre locos, de una manera parecida a la que ya creo he mencionado.

Le dije que estaba más loco que los locos.

Comencé a reír, lo salude y le desee buena suerte en el proyecto, y me despedí hasta la próxima vez que lo visite, tal vez un día de estos, le dije.

Un abrazo sentido, un apretón de manos fuerte, y media vuelta elegante mirando al cielo bastaron para ver que el sol había salido, nuevamente de entre las nubes.

FMQ

Poema del vecino perdido desde CyberNube

Hace unas semanas un vecino desapareció de su hogar. Llamó la atención del barrio que haya dejado la puerta apenas abierta, como si se hubiese ido sin cerrarla del todo.

Los primeros curiosos se fueron acercando, hasta que aparecieron los vivos, que le terminaron por desvalijar lo poco que quedaba de su tan al parecer agitada cotidianidad. Yo en particular me traje un par de libros , una Biblia, y unos escritos que había entre los mismos libros, y precisamente uno en la Biblia. Escritos a modo de poemas, o algo por el estilo.

Aun continuo analizándolos, pero no de la misma forma que lo hacen los eruditos alucinadores con los presocráticos, pues apenas los interpreto.

Transcribo con el que estoy ahora mismo enfrente, el que estaba en la Biblia:

 

“Persecución religiosa no es un acontecimiento de estos tiempos ni de esta frente,

sino de siempre, a partir de que todo es uno, todo es mente.

Ocurre que ahora se hizo mas común el uso del termino

por caprichos, de nadie, por temores de algún perégrino”

 

Parece, mirando un poco, que quiso rimar el final, pero no lo comprendo del todo.

Se ve que estaba al pedo para estudiar temas de la historia de las religiones con todo el quilombo que hubo en el barrio luego de la amenaza de bomba del flaco Federico.

Se observa que yo también lo estoy, eso de estar al pedo, para ponerme a escribir sobre algo que otro escribió, abandonado en esta cybernube.

FMQ

Movimientos/pensamientos sin importancia/relevancia

Este dialogo ocurrió en el tren Roca entre dos jóvenes menores de edad. Que debatían acerca del interés reciente de la gente por un nuevo movimiento social. De potencial masividad, y de si estaba bien que ahora que todo se había masificado, los “nuevos” vengan a imponerse como “los que estuvieron siempre”, queriendo reclamar un lugar, cuando aquellos que arrancaron, eran apenas pocos, como todo lo que arrancó alguna vez. Uno le decía al otro:

-Sabes lo que me da bronca, esos que vienen por moda, al pedo, son unos inservibles.

-¿Y nosotros no lo somos?- contestó valientemente el compañero.

-Nosotros no, porque no somos falsos y a la cultura le aportamos nuestro granito. Vinimos cuando esto no era nada. Me extraña de vos, que estas desde que esto empezó.

-Y que querés, que te den algún premio por haber estado cuando el barco ni sabia a donde iba, es mas, aun ni despegaba. Como si ahora fuese a llegar a algún lado.

-Pero no se trata de llegar, sino de estar, arriba del barco, y que vengan otros que nunca estuvieron, a estar, es malo para la cultura, no la enriquece, sino todo lo contrario.

-Si vamos así, nunca nos vamos a poner de acuerdo. Eso decís vos, yo opino lo contrario. Y es mas, opino que los que vengan, van a mejorar la cultura porque la van a superar, es superación dialéctica pura.

-Estas flasheando cualquier cosa.

La locomotora se había detenido. El otro se levanto de su asiento, y dijo, con aires de resignación:

-Lo que digo es que alguien que no quiere que otro entre en su entorno tiene un doble sentimiento encontrado, por un lado, que esos que entran, que lo hacen por moda, sean mejores, y por el otro, que solo vengan a molestar. Que se le va a hacer, nada te puedo decir amigo, pues corren los tiempos en que a nadie le interesa lo que piensa otro, porque todos hoy en día intentan sacar sus propias conclusiones. El problema no radica en como les va a aquellos que sacan sus propias conclusiones descreyendo de aquellos que también las piensan, sino en su falta de autoridad, que se impone como “verdad” cuando se la acepta como tal.  Nos vemos.

Rápido descendió del convoy, y recordé que yo también bajaba en esa estación.

Y así fue la charla que escuche, de dos amigos, desencontrados, con pensamientos que no tenían relevancia para un don nadie como yo, ni tampoco la fascinación del movimiento y lo que se pensaba sobre el mismo.

 

Perro Juan, epitafio.

El viejo piensa en la muerte del perro y se habla para si mismo, como contándose la historia, lo que esta haciendo:

“El viejo se dispone a cavar la tumba de su único amigo el perro, pero piensa un instante y se dice a si mismo que debe esperarlo a él antes de comenzar. Ese joven que estuvo con él siempre, hasta que opto salirse de los destinos de los fracasados para ir por el camino de los triunfadores. Ese que ahora está ocupado, como nunca lo había estado, acusando que los jóvenes tienen cosas más importantes que hacer que sentarse a tomar mate en un patio mugriento y recordar lo poco que han vivido, y que no tienen tiempo para cuestiones que son contrarias a la vida que llevan, que los impulsa a elegir, a decidir, para luego pretender y finalmente esperar. Lejos de tratar de comprender, lejos de imaginar que alguna vez todo fin aventurero e irremediable del que nunca se quiso hacer mención, llegara para apagar ese pequeño fuego de igual modo que los dedos mojados con saliva lo hacen con las pequeñas llamitas de las velas”.

Pero la leve llovizna lo obliga a cavar el pozo rápido, y todo pensamiento se disuelve, nada mas, en la tumba de ladrillos y cascotes se imagina poner:

“Querido Juan, donde quieras que estés, sabeme perdonar

Por tan solo haberte ofrecido, mi familia, las retadas y un hogar

La lluvia no lograra que te olvidemos, como tampoco que no te recordemos

Mis nietos, mis hijos, tal vez, vengan aquí a visitarte, para decirte, que

nunca te olvidaremos.”

Pero tampoco, porque llueve mucho.

Días después, al visitar la tumba, se encontraran con la sorpresa de que en la misma hay un limón, como señal de agradecimiento, o de respeto. Dara lo mismo, porque le echaran la culpa al que se quedo solo, no a los peces, o al canarito el pipi, sino al otro perro, el negro, el pancho.

Recuerdos de mi fantasma

Otra vez en este pasillo interminable. Pensando en robar cuentos, historias, recaí en este tugurio de mala muerte.

¿Sigo dormido? ¿Quién es ese? Se parece al que me dio esa cosa por el brazo antes de dormirme. Voy a prender la luz que está muy oscuro. Qué les pasa a esas mujeres blancas ¿Por qué vienen así caminando tan deformes hacia mí? ¿Y quienes son estos que vaguean por este pasillo?
-¡Hola!…¿Hola?…¿Me escuchan?…Digan algo.

Nadie dijo, nada. Y eso fue que le escuche decir, o tal vez preferí no escucharlo.

Continuo en recuperación. No soportaría que no me reconozcan.

Don Florencio

Y es su sepulcro templo de su gloria.

Ninguna literatura americana pudo haber mientras duró la dominación colonial”. Florencio Varela (1807-1848). Escritor, periodista, político y educador Argentino.

Muchas noches y años atrás, hubo en el añorado paraje del Tropezón, sur de Florencio Varela, una redacción de diario que fomentaba la escritura creativa y el oficio periodístico de los pocos habitantes que allí vivían, para de esa manera poder llenar de contenido el periódico con las escasas cosas sucedidas. Tal creatividad y oficio requerían que cada individuo llevara a la redacción una crónica de algo investigado o bien -que aunque sea- le haya interesado, y así mediante la aprobación del eminente director, se lo premiaba con la participación en el periódico. Pero nada interesaba ni ocurría. Eran unos pocos los aventureros que en verdad se animaban a buscar las noticias sabiéndolo, y otros –la gran mayoría- optaba por inventarlas, y así el diario subsistía, hasta que las mentiras eran comprobadas y se reclamaba mayor veracidad.

Es preciso para el relato, recordar el caso de la última persona que comprobó las mentiras, un joven aventurero que dejo su vida en el agotador seguimiento a cada persona para comprobar que incurría en la falacia, anotando las mentiras a modo de crónicas, incluidas las del propio director, que al recibir lo narrado para ser presentado en el diario, lo reprimió a modo de reto y lo consideró un conspirador, acusando sobre sus crónicas una falta de respeto absoluta a la condición humana, de una tarea irónica propia de un joven insolente, que se reía de la vida de la pobre gente, y obviamente de la del director.

Apenas días más tarde, al joven no se lo vio más. Algunos dijeron que huyo de la vergüenza, otros comentaron que por estar en desacuerdo con algún ideal, vaya a saber cual, persiguió otros en tierras más lejanas. Algunos alardearon que se mato, fue lo mismo. Poco a poco, el pueblo lo olvido. Hasta que pasaron los años, y su destino fue conocido a nivel nacional, con su muerte de manera cruel a manos del poder reinante de la época. El diario; con aires de culpa y un aliento fresco del que poco se caracterizó; ese día no fue ajeno, y con una sola página en su edición, lo recordó:

“Lentamente parpadea y su mirada queda quieta, fija, como esas miradas que parecen que lo ven todo, cuando la realidad se les viene encima. Y piensa si debe avanzar, seguir, continuar, o pensar, por un breve momento, en otras miradas que lo ven así, pasar. Así es como está este joven al momento de partir del pueblo hacia su futuro, futuro que se le vino fugazmente como su mandato lo exigía, por ser el primer y único en decir la verdad en el pueblo, nacido y criado en el lugar, con el objetivo enfocado en encontrar otro con mas merecimiento, con mas retribución, que se jacte de su lucha por ideales más justos. Dejando atrás todo, tanto la familia, como los vecinos, los escasos amigos, y hasta algunos perros curiosos, nos sumamos a esta proeza interminable, para despedirlo en la entrada de la gloria, como a un héroe al que ansiamos ver triunfar, para verlo regresar con las mayores condecoraciones posibles, por ser digno de representarnos a los que luchamos contra las garras del poder. Mientras ellos, continúan así de ignotos, así de desapercibidos, con la vida que llevan, cargando con el peso del engaño, el fracaso y el olvido. Características del poder que condenamos para siempre. Así como muchas veces se hace con la historia. Clavándole un puñal por la espalda”. No está demás decir que fueron las últimas palabras del Diario, y que sus puertas cerraron para siempre. El director, dicen, desapareció, pero el joven, ese mismo pueblo que hoy lleva su nombre y lo evoca muerto a la libertad para ser nacido a la historia, quedo inmortalizado, para siempre, para ser nombrado por noches interminables.[i]

[i] CATEGORIA LIBRES. Cuento relato y poesía. Nombre: Federico Miguel Quinteiros. Edad: 22 años. Dirección: Cabildo 2296. Teléfono: 1521765377. Mail: Federicoq8@hotmail.com

El diván II: amok conductismo

Afuera comenzaba a llover.

Y adentro del consultorio continuaban con la sesión, que a veces puede llegar a ser eterna si se hablan meras sandeces como las que se estaban hablando, con un psicoanalista falopero, y un niño con grandes probabilidades de contraer el síndrome amok, o sea, dos desquiciados sin lugar en la sociedad. Y sin ninguna identidad o entidad intelectual que respalde la conversación, pareciéndose a una charla de café, la única diferencia que convertía esto en una sesión era que una de las partes pagaba sometiéndose y la otra cobraba para aconsejando y experimentando al fiel estilo del conductismo.

-¿En que quedamos, Patricio?- Pregunta el psicólogo social con elevados estudios en su haber y una gran dosis recién consumida.

-En lo de que nada es verdad, que la realidad es ilusión, o por lo menos eso entendí.

-Ah, si, eso de que todo es mentira, no te lo tomes tan a pecho, porque por algo estas acá, para ver que la realidad es lo real y viceversa (Hegel detected, pensó para sus adentros el psicoanalista) , mas que nada para que entiendas algunos mecanismos que tiene la gente para desarrollar su vida.

Hubo un trueno que silenció por un gran momento la apasionante iluminación filosófica del psicoanalista, hasta que Patricio, dijo:

-Quiero irme.

-¿A donde?-mirándolo fijamente a los ojos y reclinándose hacia delante.

-A mi casa.

-¿Para qué?

-No se, pero usted no me cae bien.

-Así que no te caigo bien-dijo el psicoanalista, mientras se levantaba y caminaba hacia la mesa de luz, para traer consigo un juguete de color negro, y dárselo a Patricio, quien lo recibió con mucha sorpresa. -Ahora dispara- le dijo el psicoanalista -Si no me soportas, dispara, pendejo.

-Creo que no debo- dijo Patricio. -Pero usted me hartó, lo voy a matar, como mis padres malditos, y toda mi familia que siempre esperan algo de mi cuando lo único que quiero es que no me rompan las pelotas, o mis mismos compañeros, que no se dan cuenta de que comemos de la basura que nos ofrece la escuela todo el tiempo, los voy a matar a todos, y mas a usted, que me dice lo que tengo que hacer, ¡tome!.

Y el disparo apenas resonó en el consultorio como el pequeño chirrido de frenos que siempre fue, viendo Patricio que acababa de ser parte del experimento conductista que le había avisado el especialista al comienzo, al que ahora veía desde una especie de niebla susurrándole:

-Te esperan tus padres afuera, Patricio, nos vemos en la próxima.

Y una vez terminada la sesión, el especialista anoto en su libreta: Síndrome amok, negativo.

Afuera seguía lloviendo, con mayor intensidad.

El diván I

-¿Por qué la gente se altera en navidad?- pregunta en esta primer formal sesión, el niño Patricio.

-La gente se altera ante todo acontecimiento ajeno a su rutina, sea cual sea- contesta el psicoanalista, quien aun no devela, por cuestiones obvias, su nombre.

Patricio no lo mira, sino que contempla el lugar, fríamente, preguntándose a si mismo porque esta allí y ahora en un lugar como este cuando podría estar jugando esos videojuegos sangrientos que tanto le satisfacen, para proseguir y decir nada mas que: Ah.

Que para inconformidad del especialista en niños que no aceptan las reglas del juego torna algo incomoda la terapia. Y es el mismo profesional quien habla:

-Querés que te diga la verdad.

-Creo que ya la se, que todo es invento de la gente para hacer circular una rueda imaginaria que parece no terminar nunca- dice en un dialogo irreal, Patricio.

-La vida social, ya veo, lo tenés claro. Y entonces por que estas acá.

-Porque mis padres creen que debo ser parte de esa vida social que me repugna.

-Ya veo- Parece concluir tocándose la pera el especialista, y extrayendo de su cajón de escritorio algo que aspira de  tal manera que Patricio comienza a querer no haber dicho lo que pensó. Y es el psicoanalista quien continua:

-Patricio, si vos me decís eso, no me dejás ayudarte. Para vivir hay que simular, vos tenes que confiar en que los humanos han diseñado todo para que vos vivas bien. Te han dado una identificación que te define. Tenés un nombre por el que andar en la vida. Tenés una fecha de cumpleaños que coincide con un calendario de quien se impuso como verdad en el mundo a través del mártir cristiano para festejar en días como estos la navidad. De veras, ¿Crees que todo es mentira, o simulacro?

-Y ahora que lo dice, pareciera ser simulacro, pero desconfió de usted, sofista de porquería.

-Eso, desahógate, pero no te aísles, sino terminas como yo, inhalando cosas que no son buenas para la sociedad, pero si necesarias.

Continuara…

El diván del superhombre

En ese temeroso diván esta sentado Patricio, el niño que le contesto a la maestra de muy buena manera: “señorita, con mucho respeto, cierra su boca que no es asunto suyo”, en esa pelea memorable (de esas que todo el curso espera y cuando pasan, rodean a los oponentes como en esas películas de preparatoria y gritan: pelea, pelea, hasta que llega la maestra a poner las cosas en su debido lugar) con un compañerito que no importa su nombre(por ahora, porque podría ser útil para una futura matanza, porque estos abusadores representan el capitalismo demoníaco que nos rodea hoy en vida y deben superarse, cuestión que a veremos como), pero que le valió el castigo en la dirección, la llamada a sus padres, y la asistencia a un psicólogo que resulto estar mas demente de lo común, pues le dijo:

-Adelante Patricio, no te voy a decir sandeces, ni cosas como: puteáme, contáme de tu pasado así te entendés un poco y podes relacionarte con tus amigos inferiores. No, no y no. Vos sos un superhombre.

Entre las miradas cruzadas y perdidas del niño, el psicoanalista, prosiguió:

-Lo que primero te voy a decir es la verdad de la milanesa: el psicoanálisis no te va a enseñar a acomodarte a lo que la demanda social/real te pide, sino que te va a enseñar como la realidad es creada, en primer lugar, para que vos y tu pequeño trasero, estén hoy sentados aquí, por haberle dicho a la honorable y respetada señorita que mantenga su hocico en otros olores. ¿Querés que hablemos de eso, de como en verdad los equivocados son ellos?

Y así, comenzó la terapia de Patricio en el diván del superhombre.

Entonces Internet es infinita

La cuestión aquí es el tiempo. Tenemos para exponer.

¿Puede la especie humana realizar una representación tan fiel del universo como lo parece Internet y su infinitud?

Al igual que lo hizo con los números y las deconstrucciones del lenguaje.
Al ritmo que vamos, esta no seria una carta de quejas y quedaría en el olvido, como en realidad quedó/a/ará todo alguna vez.
De nuevo,

Esa pregunta por el todo que parece que no tiene respuesta mas que decirlo todo, absolutamente y comenzar de nuevo, tomando cosas de aquí y de allá, para llegar a ese tan gustoso dos puntos (o igual a:) entonces.

¿Y entonces?, esas preguntas punzantes aparecen como un pistoletazo: ¿para qué, hacia dónde, y después que?
Volveremos sobre estos temas que nos mantienen distraídos.