Movimientos/pensamientos sin importancia/relevancia

Este dialogo ocurrió en el tren Roca entre dos jóvenes menores de edad. Que debatían acerca del interés reciente de la gente por un nuevo movimiento social. De potencial masividad, y de si estaba bien que ahora que todo se había masificado, los “nuevos” vengan a imponerse como “los que estuvieron siempre”, queriendo reclamar un lugar, cuando aquellos que arrancaron, eran apenas pocos, como todo lo que arrancó alguna vez. Uno le decía al otro:

-Sabes lo que me da bronca, esos que vienen por moda, al pedo, son unos inservibles.

-¿Y nosotros no lo somos?- contestó valientemente el compañero.

-Nosotros no, porque no somos falsos y a la cultura le aportamos nuestro granito. Vinimos cuando esto no era nada. Me extraña de vos, que estas desde que esto empezó.

-Y que querés, que te den algún premio por haber estado cuando el barco ni sabia a donde iba, es mas, aun ni despegaba. Como si ahora fuese a llegar a algún lado.

-Pero no se trata de llegar, sino de estar, arriba del barco, y que vengan otros que nunca estuvieron, a estar, es malo para la cultura, no la enriquece, sino todo lo contrario.

-Si vamos así, nunca nos vamos a poner de acuerdo. Eso decís vos, yo opino lo contrario. Y es mas, opino que los que vengan, van a mejorar la cultura porque la van a superar, es superación dialéctica pura.

-Estas flasheando cualquier cosa.

La locomotora se había detenido. El otro se levanto de su asiento, y dijo, con aires de resignación:

-Lo que digo es que alguien que no quiere que otro entre en su entorno tiene un doble sentimiento encontrado, por un lado, que esos que entran, que lo hacen por moda, sean mejores, y por el otro, que solo vengan a molestar. Que se le va a hacer, nada te puedo decir amigo, pues corren los tiempos en que a nadie le interesa lo que piensa otro, porque todos hoy en día intentan sacar sus propias conclusiones. El problema no radica en como les va a aquellos que sacan sus propias conclusiones descreyendo de aquellos que también las piensan, sino en su falta de autoridad, que se impone como “verdad” cuando se la acepta como tal.  Nos vemos.

Rápido descendió del convoy, y recordé que yo también bajaba en esa estación.

Y así fue la charla que escuche, de dos amigos, desencontrados, con pensamientos que no tenían relevancia para un don nadie como yo, ni tampoco la fascinación del movimiento y lo que se pensaba sobre el mismo.

 

Perro Juan, epitafio.

El viejo piensa en la muerte del perro y se habla para si mismo, como contándose la historia, lo que esta haciendo:

“El viejo se dispone a cavar la tumba de su único amigo el perro, pero piensa un instante y se dice a si mismo que debe esperarlo a él antes de comenzar. Ese joven que estuvo con él siempre, hasta que opto salirse de los destinos de los fracasados para ir por el camino de los triunfadores. Ese que ahora está ocupado, como nunca lo había estado, acusando que los jóvenes tienen cosas más importantes que hacer que sentarse a tomar mate en un patio mugriento y recordar lo poco que han vivido, y que no tienen tiempo para cuestiones que son contrarias a la vida que llevan, que los impulsa a elegir, a decidir, para luego pretender y finalmente esperar. Lejos de tratar de comprender, lejos de imaginar que alguna vez todo fin aventurero e irremediable del que nunca se quiso hacer mención, llegara para apagar ese pequeño fuego de igual modo que los dedos mojados con saliva lo hacen con las pequeñas llamitas de las velas”.

Pero la leve llovizna lo obliga a cavar el pozo rápido, y todo pensamiento se disuelve, nada mas, en la tumba de ladrillos y cascotes se imagina poner:

“Querido Juan, donde quieras que estés, sabeme perdonar

Por tan solo haberte ofrecido, mi familia, las retadas y un hogar

La lluvia no lograra que te olvidemos, como tampoco que no te recordemos

Mis nietos, mis hijos, tal vez, vengan aquí a visitarte, para decirte, que

nunca te olvidaremos.”

Pero tampoco, porque llueve mucho.

Días después, al visitar la tumba, se encontraran con la sorpresa de que en la misma hay un limón, como señal de agradecimiento, o de respeto. Dara lo mismo, porque le echaran la culpa al que se quedo solo, no a los peces, o al canarito el pipi, sino al otro perro, el negro, el pancho.

Recuerdos de mi fantasma

Otra vez en este pasillo interminable. Pensando en robar cuentos, historias, recaí en este tugurio de mala muerte.

¿Sigo dormido? ¿Quién es ese? Se parece al que me dio esa cosa por el brazo antes de dormirme. Voy a prender la luz que está muy oscuro. Qué les pasa a esas mujeres blancas ¿Por qué vienen así caminando tan deformes hacia mí? ¿Y quienes son estos que vaguean por este pasillo?
-¡Hola!…¿Hola?…¿Me escuchan?…Digan algo.

Nadie dijo, nada. Y eso fue que le escuche decir, o tal vez preferí no escucharlo.

Continuo en recuperación. No soportaría que no me reconozcan.

Don Florencio

Y es su sepulcro templo de su gloria.

Ninguna literatura americana pudo haber mientras duró la dominación colonial”. Florencio Varela (1807-1848). Escritor, periodista, político y educador Argentino.

Muchas noches y años atrás, hubo en el añorado paraje del Tropezón, sur de Florencio Varela, una redacción de diario que fomentaba la escritura creativa y el oficio periodístico de los pocos habitantes que allí vivían, para de esa manera poder llenar de contenido el periódico con las escasas cosas sucedidas. Tal creatividad y oficio requerían que cada individuo llevara a la redacción una crónica de algo investigado o bien -que aunque sea- le haya interesado, y así mediante la aprobación del eminente director, se lo premiaba con la participación en el periódico. Pero nada interesaba ni ocurría. Eran unos pocos los aventureros que en verdad se animaban a buscar las noticias sabiéndolo, y otros –la gran mayoría- optaba por inventarlas, y así el diario subsistía, hasta que las mentiras eran comprobadas y se reclamaba mayor veracidad.

Es preciso para el relato, recordar el caso de la última persona que comprobó las mentiras, un joven aventurero que dejo su vida en el agotador seguimiento a cada persona para comprobar que incurría en la falacia, anotando las mentiras a modo de crónicas, incluidas las del propio director, que al recibir lo narrado para ser presentado en el diario, lo reprimió a modo de reto y lo consideró un conspirador, acusando sobre sus crónicas una falta de respeto absoluta a la condición humana, de una tarea irónica propia de un joven insolente, que se reía de la vida de la pobre gente, y obviamente de la del director.

Apenas días más tarde, al joven no se lo vio más. Algunos dijeron que huyo de la vergüenza, otros comentaron que por estar en desacuerdo con algún ideal, vaya a saber cual, persiguió otros en tierras más lejanas. Algunos alardearon que se mato, fue lo mismo. Poco a poco, el pueblo lo olvido. Hasta que pasaron los años, y su destino fue conocido a nivel nacional, con su muerte de manera cruel a manos del poder reinante de la época. El diario; con aires de culpa y un aliento fresco del que poco se caracterizó; ese día no fue ajeno, y con una sola página en su edición, lo recordó:

“Lentamente parpadea y su mirada queda quieta, fija, como esas miradas que parecen que lo ven todo, cuando la realidad se les viene encima. Y piensa si debe avanzar, seguir, continuar, o pensar, por un breve momento, en otras miradas que lo ven así, pasar. Así es como está este joven al momento de partir del pueblo hacia su futuro, futuro que se le vino fugazmente como su mandato lo exigía, por ser el primer y único en decir la verdad en el pueblo, nacido y criado en el lugar, con el objetivo enfocado en encontrar otro con mas merecimiento, con mas retribución, que se jacte de su lucha por ideales más justos. Dejando atrás todo, tanto la familia, como los vecinos, los escasos amigos, y hasta algunos perros curiosos, nos sumamos a esta proeza interminable, para despedirlo en la entrada de la gloria, como a un héroe al que ansiamos ver triunfar, para verlo regresar con las mayores condecoraciones posibles, por ser digno de representarnos a los que luchamos contra las garras del poder. Mientras ellos, continúan así de ignotos, así de desapercibidos, con la vida que llevan, cargando con el peso del engaño, el fracaso y el olvido. Características del poder que condenamos para siempre. Así como muchas veces se hace con la historia. Clavándole un puñal por la espalda”. No está demás decir que fueron las últimas palabras del Diario, y que sus puertas cerraron para siempre. El director, dicen, desapareció, pero el joven, ese mismo pueblo que hoy lleva su nombre y lo evoca muerto a la libertad para ser nacido a la historia, quedo inmortalizado, para siempre, para ser nombrado por noches interminables.[i]

[i] CATEGORIA LIBRES. Cuento relato y poesía. Nombre: Federico Miguel Quinteiros. Edad: 22 años. Dirección: Cabildo 2296. Teléfono: 1521765377. Mail: Federicoq8@hotmail.com

El diván II: amok conductismo

Afuera comenzaba a llover.

Y adentro del consultorio continuaban con la sesión, que a veces puede llegar a ser eterna si se hablan meras sandeces como las que se estaban hablando, con un psicoanalista falopero, y un niño con grandes probabilidades de contraer el síndrome amok, o sea, dos desquiciados sin lugar en la sociedad. Y sin ninguna identidad o entidad intelectual que respalde la conversación, pareciéndose a una charla de café, la única diferencia que convertía esto en una sesión era que una de las partes pagaba sometiéndose y la otra cobraba para aconsejando y experimentando al fiel estilo del conductismo.

-¿En que quedamos, Patricio?- Pregunta el psicólogo social con elevados estudios en su haber y una gran dosis recién consumida.

-En lo de que nada es verdad, que la realidad es ilusión, o por lo menos eso entendí.

-Ah, si, eso de que todo es mentira, no te lo tomes tan a pecho, porque por algo estas acá, para ver que la realidad es lo real y viceversa (Hegel detected, pensó para sus adentros el psicoanalista) , mas que nada para que entiendas algunos mecanismos que tiene la gente para desarrollar su vida.

Hubo un trueno que silenció por un gran momento la apasionante iluminación filosófica del psicoanalista, hasta que Patricio, dijo:

-Quiero irme.

-¿A donde?-mirándolo fijamente a los ojos y reclinándose hacia delante.

-A mi casa.

-¿Para qué?

-No se, pero usted no me cae bien.

-Así que no te caigo bien-dijo el psicoanalista, mientras se levantaba y caminaba hacia la mesa de luz, para traer consigo un juguete de color negro, y dárselo a Patricio, quien lo recibió con mucha sorpresa. -Ahora dispara- le dijo el psicoanalista -Si no me soportas, dispara, pendejo.

-Creo que no debo- dijo Patricio. -Pero usted me hartó, lo voy a matar, como mis padres malditos, y toda mi familia que siempre esperan algo de mi cuando lo único que quiero es que no me rompan las pelotas, o mis mismos compañeros, que no se dan cuenta de que comemos de la basura que nos ofrece la escuela todo el tiempo, los voy a matar a todos, y mas a usted, que me dice lo que tengo que hacer, ¡tome!.

Y el disparo apenas resonó en el consultorio como el pequeño chirrido de frenos que siempre fue, viendo Patricio que acababa de ser parte del experimento conductista que le había avisado el especialista al comienzo, al que ahora veía desde una especie de niebla susurrándole:

-Te esperan tus padres afuera, Patricio, nos vemos en la próxima.

Y una vez terminada la sesión, el especialista anoto en su libreta: Síndrome amok, negativo.

Afuera seguía lloviendo, con mayor intensidad.

El diván I

-¿Por qué la gente se altera en navidad?- pregunta en esta primer formal sesión, el niño Patricio.

-La gente se altera ante todo acontecimiento ajeno a su rutina, sea cual sea- contesta el psicoanalista, quien aun no devela, por cuestiones obvias, su nombre.

Patricio no lo mira, sino que contempla el lugar, fríamente, preguntándose a si mismo porque esta allí y ahora en un lugar como este cuando podría estar jugando esos videojuegos sangrientos que tanto le satisfacen, para proseguir y decir nada mas que: Ah.

Que para inconformidad del especialista en niños que no aceptan las reglas del juego torna algo incomoda la terapia. Y es el mismo profesional quien habla:

-Querés que te diga la verdad.

-Creo que ya la se, que todo es invento de la gente para hacer circular una rueda imaginaria que parece no terminar nunca- dice en un dialogo irreal, Patricio.

-La vida social, ya veo, lo tenés claro. Y entonces por que estas acá.

-Porque mis padres creen que debo ser parte de esa vida social que me repugna.

-Ya veo- Parece concluir tocándose la pera el especialista, y extrayendo de su cajón de escritorio algo que aspira de  tal manera que Patricio comienza a querer no haber dicho lo que pensó. Y es el psicoanalista quien continua:

-Patricio, si vos me decís eso, no me dejás ayudarte. Para vivir hay que simular, vos tenes que confiar en que los humanos han diseñado todo para que vos vivas bien. Te han dado una identificación que te define. Tenés un nombre por el que andar en la vida. Tenés una fecha de cumpleaños que coincide con un calendario de quien se impuso como verdad en el mundo a través del mártir cristiano para festejar en días como estos la navidad. De veras, ¿Crees que todo es mentira, o simulacro?

-Y ahora que lo dice, pareciera ser simulacro, pero desconfió de usted, sofista de porquería.

-Eso, desahógate, pero no te aísles, sino terminas como yo, inhalando cosas que no son buenas para la sociedad, pero si necesarias.

Continuara…

El diván del superhombre

En ese temeroso diván esta sentado Patricio, el niño que le contesto a la maestra de muy buena manera: “señorita, con mucho respeto, cierra su boca que no es asunto suyo”, en esa pelea memorable (de esas que todo el curso espera y cuando pasan, rodean a los oponentes como en esas películas de preparatoria y gritan: pelea, pelea, hasta que llega la maestra a poner las cosas en su debido lugar) con un compañerito que no importa su nombre(por ahora, porque podría ser útil para una futura matanza, porque estos abusadores representan el capitalismo demoníaco que nos rodea hoy en vida y deben superarse, cuestión que a veremos como), pero que le valió el castigo en la dirección, la llamada a sus padres, y la asistencia a un psicólogo que resulto estar mas demente de lo común, pues le dijo:

-Adelante Patricio, no te voy a decir sandeces, ni cosas como: puteáme, contáme de tu pasado así te entendés un poco y podes relacionarte con tus amigos inferiores. No, no y no. Vos sos un superhombre.

Entre las miradas cruzadas y perdidas del niño, el psicoanalista, prosiguió:

-Lo que primero te voy a decir es la verdad de la milanesa: el psicoanálisis no te va a enseñar a acomodarte a lo que la demanda social/real te pide, sino que te va a enseñar como la realidad es creada, en primer lugar, para que vos y tu pequeño trasero, estén hoy sentados aquí, por haberle dicho a la honorable y respetada señorita que mantenga su hocico en otros olores. ¿Querés que hablemos de eso, de como en verdad los equivocados son ellos?

Y así, comenzó la terapia de Patricio en el diván del superhombre.

Entonces Internet es infinita

La cuestión aquí es el tiempo. Tenemos para exponer.

¿Puede la especie humana realizar una representación tan fiel del universo como lo parece Internet y su infinitud?

Al igual que lo hizo con los números y las deconstrucciones del lenguaje.
Al ritmo que vamos, esta no seria una carta de quejas y quedaría en el olvido, como en realidad quedó/a/ará todo alguna vez.
De nuevo,

Esa pregunta por el todo que parece que no tiene respuesta mas que decirlo todo, absolutamente y comenzar de nuevo, tomando cosas de aquí y de allá, para llegar a ese tan gustoso dos puntos (o igual a:) entonces.

¿Y entonces?, esas preguntas punzantes aparecen como un pistoletazo: ¿para qué, hacia dónde, y después que?
Volveremos sobre estos temas que nos mantienen distraídos.

El sufrimiento es el dolor del tiempo
La angustia es la memoria del desamparo
Y la depresión apenas una cobardía del cuerpo
El único dolor que confiere nobleza,
Es la tristeza.

La tristeza del mono cuando comprendió que lo había
Atrapado el profesor del universo,
La tristeza del árbol cuando entre sus ramas congeladas
Comenzó a escuchar los cuchicheos desesperados de los pájaros,
O la tristeza del hombre primitivo
Obligado a quedar atrapado en la jaula de la nostalgia.

O la tristeza de mi abuelo
Cuando vio desaparecer la ferretería,
Luego la tintorería…
Y comprendió que pronto iba a esfumarse en la nada
El bar en donde él había construido veinte años atrás,
Su hogar nómade.

Esa es la tristeza,
La tristeza de un niño ya un poco más grande
Encontrando en los cables
El cadáver de algún barrilete
Que remontó hace mucho tiempo.
La tristeza de rememorar,
O la tristeza de un niño pequeño en la playa,
Inventando historia dentro del castillo de arena que va construyendo,
Historias que el mar inmediatamente destruirá,
Tratando de enseñarle al niño las consignas de la existencia:
Que nada es real,
que todos están solos,
que la ausencia es eterna.

A veces, locamente, me parece comprender
El contenido de todos los argumentos,
El origen de todas las historias,
Y hasta… y hasta el destino de todas las intrigas.

No es que…
No es que tenga la pretensión de haberlo vivido todo,
Ni siquiera lo he soñado todo,
No guardo en los bolsillos de mi memoria
La versión taquigráfica de todo cuanto existe.

Pero igual todas las voces me resultan conocidas
Como si ya las hubiera escuchado,
Y todos los paisajes me parecen vistos
Como si ya los hubiera visto.
Escucho la misma canción en la letra de todas las canciones,
Sin embargo, no es que guardo en la memoria de mis ojos
El largo laberinto de todos los reflejos.

Entonces…
¿Como es posible que sienta que a todos he amado?
¿Que todo lo he llorado? ¿Y que ha todos he perdido?
Es como si en una instancia imposible
Un misterioso filamento luminoso
Uniese todo cuanto existe…
Y aún… lo que no existe.

Una escalera al paraiso

PLAGIAR

Un ultimo escrito, en horas diurnas,
Nos incita a plagiar.
Pues hace a uno, ver las penumbras,
Allí donde se ubica,
en un rincón del hogar
La vieja muerte.
Todo esto no seria así,
si solo uno se dedicara a escribir,
sin pensar en nada que plagiar.

“Somos hijos de multivioladores muertos. Somos los hijos de puta que van a beber de sus aguas y, ya sabemos, los hijos de puta no descansan nunca”.                                                                                                            “Zippo”. “Luzbelito”.“PRRysrdr”

SEAN BIENVENIDOS AL PLAGIO, DIGO, RELATO

Llueve torrencialmente, pero allá a lo lejos, un pequeño rayo de luz pareciera aclarar el oscuro horizonte.
Los dos amigos mochileros, cansados de tanto caminar, se detienen en un pequeño bar, de nombre “El bar del ayer”, dentro del antiguo y castigado Singapur.
Al ingresar, lo primero que hacen es sentarse, y  mientras esperan ser atendidos, notan que no vuela un alma.
Uno de los amigos le dice, como recordando al mirar la suciedad del lugar:
-Creo que se donde estamos.
A lo que el otro, cansado de oírlo todo el camino, le contesta:
-Ahí va, otro de tus versos, seguí así, que nos van a comer vivos en esta isla.
-Vos sabes que esto lo leí, pero no te enloquezcas, y escucha…

En 1938, en Singapur, había una taberna. Como toda taberna que se precie, que busque una identidad, tenia un nombre: “La taberna de ayer”.

-Este es el bar del ayer-interrumpe el otro, como queriendo ahogar el relato que el primero sigue ofuscado en proseguir. No sin antes decir:
-Dejame seguir, conchetumadre.

La taberna de ayer.
Nunca, a nadie, le gustó ese nombre. A la taberna de ayer uno siempre entraba hoy. Y aunque hubiera entrado ayer, no era ayer cuando entro ayer, sino hoy. Uno no entra ayer en ninguna parte. Ni siquiera en La taberna de ayer. Esto partió la cabeza de Sean Nolan, irlandés, aventurero, tahúr y borracho. Pese a ello, habituado al sano ejercicio de evitar cuestiones inútiles, aunque era una fiera para abordar las que valían la pena, se negó a resolver los enigmas del hombre de la maldita taberna. “Yo entro hoy”, se dijo. “Y donde yo entro hoy, es hoy”. Singapur, en 1938, un año antes de la masacre europea, era tierra de perdición. Prostitutas, cadáveres flotando en aguas pestilentes, puñales que se clavaban en la espalda de los traidores, o de los sospechosos de serlo, enfermedades, opio, hachís, ciegos que miraban sus ojos totalmente blancos y decían: “Crees que no te veo, pero veo tu alma, tan putrefacta es que ya esta madura para el infierno, morirás hoy, perro, y aunque te creas superior a mi porque tus ojos ven, a Ella, la muerte, no la veras. O la veras tarde, cuando de nada te sirva”. No había lugar sin un perro sucio y flaco que dormía, o estaba muerto. Los gatos eran reyes porque devoraban a las ratas. Algunos vendedores ambulantes ofrecían desde frutas podridas, perlas falsas, cigarrillos de estiércol de tarántula o tratados anónimos que demostraban la inexistencia del bien y la necesariedad del Mal hasta revólveres pequeños pero infalibles para suicidarse no bien uno lo deseara. Sean Nolan entro en “La Taberna de ayer”, hoy. Fue hasta la barra y saludo al bartender, un chino alto y tan delgado que era irreferente. Era la negación de la metáfora. De él, solo era era posible decir que era delgado como él mismo lo era. La taberna estaba casi vacía. “Malos tiempos” dijo el bartender. Habia advertido, veloz y sagaz, que Nolan echaba sobre el lugar una mirada urdida por el asombro y la decepción. “¿Puedo ocupar esa mesa?, pregunto. “¿Eres ciego”, dijo el bartender. “¿No has visto que hay sobre ella un cadáver?”. Nolan se encogió de hombros, y escupió en una salivadera, cinco metros mas allá, contra la pared. Le pego a un loro, que murió fulminado. “Cargare ese loro en tu cuenta”, dijo el bartender, con su fría indiferencia. ¿Que era un loro muerto en esa ciudad de ausencias, de cadáveres cotidianos? “Sacare al muerto de la mesa, lo arrojare por la venta y me sentare en ella”, dijo Nolan. “¿Sabes quien era él?”. Nolan dijo que el tipo estaba boca abajo, con la cabeza aplastada y el cuerpo cubierto por un mantel arrugado, sucio y con manchas de sangre, ¿Como podría reconocerlo? “Era Fu Manchú, el grande y maligno mago. Lo mataron ayer unos matones a sueldo de la Universal Pictures. No querían hacer mas películas con él. No querían pagarle los contratos que le adeudaban.” Sean Nolan asintió con entusiasmo: “Yo habría hecho lo mismo. Oye, lo quitare de ahi. Acaso tu no lo has advertido porque te pasas el día en este infierno, pero desdichado Fu Manchú apesta ya”. El bartender, asombrado dejo caer su boca y sus ojos casi saltan de sus órbitas. “¡Demonios, tal vez sea por eso que el publico ha dejado de venir!”. “¿Y que piensas”, dijo Nolan. “Bastante horrible ha de ser ya beber tu cerveza caliente que apesta a meada de burro como para, ademas, olerte la putrefacción del cadáver de un mago derrotado cuya única magia posible seria la de resucitar, algo que, dada la profundidad y penetración del olor que despide, considero improbable”. “oye, deja de decir porquerías”, dijo el bartender. Y agrego: “Aun no sabes mi nombre”. “¿Eso debería importarme?”.”Claro que si, pregunta”. “Bien amarillo, ¿Como te llamas?”. “Nada”. Sean Nolan arrojo una violenta carcajada. El cadáver del loro pego un brinco. “Eres un imbécil, Nada. Buscas hacerte fama de oriental misterioso con ese nombre y solo exhibes tu ignorancia”. “Demuéstramelo”. Nolan acerco su cara a Nada, le clavo sus ojos grises y cuidadosamente dijo:”Si te llamaras Nada, nadie podría hablar contigo. Tu no podrías hablar con nadie. Ni nadie podría decir a otro algo de ti”.”Me asombras, aventurero. Dime el motivo”. “Escuchalo”, dijo Nolan. Y agrego:” De la nada, nada se puede decir. No bien dices algo de la nada, la haces ser. El que habla de la nada hace de la nada, inevitablemente, algo.” El bartender se desplomo. Desapareció bajo el mostrador y demoro varios minutos en emerger. Entre tanto, Sean Nolan había sacado sus dos mazos de cartas y jugaba un solitario. “¿Aun estas ahí, aventurero?”.”¿Acaso no me ves? Espero que me autorices a ocupar mi mesa y me sirvas un trago”. “Solo si me pones un nuevo nombre”. “Te llamare Lord Jim”. “¿Quien era?”. “Un gran cobarde. Pero no uno mas, eh. Cuidado, hay que tener mucho coraje para ser un gran cobarde. Hay que tolerarlo. Hay que vivir con eso. No cualquiera puede”. “Te empeñas en quebrar mi cerebro.¿Quien te enseño eso que dices sobre la nada?”. “Te lo diré. Sirveme una cerveza”. Así lo hizo. “¿Huele a meada de burro?”. Nolan la olio y hasta vació el vaso hasta la mitad. “No, de burro no. De cocodrilo, diría. Pero esta bien. Lo prefiero. De todas las meadas de las tabernas de Singapur es la que prefiero”. “Escucho tu historia”.
“Veras, hace apenas cinco años me encontraba en la ciudad de Friburgo. No me preguntes que hacia ahí. Nunca le preguntes a un aventurero que hacia en un lugar, que no hacia o por que no estaba en otro. Ser un aventurero es poder estar en cualquier parte, en cualquier momento y por cualquier motivo. Yo, en 1933, estaba en Friburgo. Me abrí paso a codazos entre una caterva de brutos que vestían uniformes negros o camisas pardas y se miraban como si fueran a devorarse entre ellos a rabiosas dentelladas. Nadie se atrevió a detenerme. En la puerta de una cervecería, sentados a una mesa sobre la vereda, bajo el sol de una tarde cálida, bajo una brisa que acariciaba, festejando la celebración académica nacionalsocialista que había tenido lugar solo un par de horas atrás, estaban el Fhurer político de Alemania, Adolf Hitler, y su Fhurer filosófico, Martin Heidegger, que acababa de asumir como Rektor de la Universidad con un discurso que a todos había exaltado. Sobre todo cuando dijo: “Todo lo grande esta en medio de la tempestad”. Me acerque a ellos y dije: “Mein Fhurer, soy un irlandés revolucionario, y es mucho lo que puedo hacer por Alemania”. Hitler estaba de magnifico humor. Me hizo sentar a su lado. Me presento a Heidegger. Luego se quito los guantes y estrecho mi mano. “Mi nombre es Sean Nolan, irlandés,aventurero, borracho y tahúr”, dije. Hitler sonrió. Pareció agradarle mi estilo para presentarme, del que jamas me retracto. Heidegger me dijo: “tiene usted suerte, míster Nolan. Ha estrechado la mano del Fhurer. Ha entrado en relación con la belleza. Las manos del Fhurer son el absoluto platónico de lo bello. Obsérvelas”. Hitler se quito el otro guante y agito con gracia sus manos, que fingí mirar admirativamente. Advertí que los dos estaban un poco locos, o quizá lo estaban por completo.” Entonces hice mi petición.

Una interrupción, algo necesaria a esta altura:
-Amigo, para de hablar que estoy cansado, ¿que no viene el camarero?, ¡Camarero, mierda!
Se oye el sonido del viento, y el posterior chasquido de quien acaba de exclamar, a modo no de lamento sino ya de angustia, una angustia como disposición fundamental que lo dispone ante la nada, porque nada escucha…

-Amigo mio, deja que llueva, y no te enojes, no te das cuenta de la bella historia que te narro, déjame continuar por favor…mientras aguardamos a que llegue el camarero, que de acá me parece verlo, ahí bajo el toldo que refugia a los perros del aguacero. Quien te dice, tal vez nos llevemos una gran sorpresa.
Prosigo.
-Atrás, el camarero debe andar atrás. Bajo la lluvia.
-Cierra la boca, déjame seguir con el relato, pelotudo. El camarero ya vendrá, te lo aseguro.
Te dije, o mas bien, te dije que él les dijo o que les estaba por hacer, mas que decir, al Fuhrer y su filosofo, una petición.
Recordando que era 1933 y que yo era Sean Nolan, Irlandés, borracho y tahúr
“Sospecho que usted declarara muy pronto una guerra de grandes proporciones. Atacara, entonces a la maldita Gran Bretaña, nación que esclaviza a la mía. le pido humildemente, Fuhrer de las hermosas manos tan adoradas por tu adorado filosofo, desde mi corazón patriota,que mate a cuanto ingles le sea posible. Que hable con las guerrillas irlandesas que lo ayudaran. Saben, como lo se yo, que Irlanda, algún día, el día que usted acabe con Inglaterra, sera libre”. “Así sera Míster Nolan”, dijo el Fuhrer. Y se olvido de mi. Me dejo, quizá sorprendentemente donde estaba. A nadie le pidio que me quitaran de ahí. No dijo: “Llevenselo”, no, y fue tal la borrachera que me agarre que ahí fue cuando me dijo lo de la nada, queridisimo amigo Nada. Cuando el Fuhrer le pregunto a Heiddeger: “Dígame, Herr Rektor, ¿Que es el Ser?”.”El ser es Alemania, el centro de occidente, y al encarnarse en usted, el Ser es usted, mi Fuhrer”. A Hitler le agrado esa respuesta. A mi me sonó como la peor cantinela de uno de nuestros borrachos de Irlanda a las tres de la mañana en alguno de nuestros pubs: “Irlanda es el ser. Nuestra lucha, el motivo por el que el sol sale cada mañana. Y nuestros mártires, los guerreros de una nueva humanidad”. Eso solia decir yo, por ejemplo, en una taberna oscura, acompañado de una prostituta depresiva, que cuando decia eso se le levantaba el animo, y a mi, mi otra cosa. Pero volviendo, Hitler no se quedo ahi, pues hizo otra pregunta, y presta atencion Lord Jim, o Nada, como dijiste que te llamabas: “Herr rektor, aun mas que la pregunta por el ser, me fascina la pregunta por la nada. ¿Que es la nada?”. Heiddeger sonrió benévolamente: “De la nada, nada podemos decir, mi Fuhrer, porque ni bien lo hacemos, la hacemos Algo, la hacemos ser”. Hitler, algo borracho, dijo:”Brillante, Herr rektor, pero explíquese mejor”. Herr rektor, sonrió, y nuevamente, pero mas lento, dijo:”De la nada, mi Fuhrer, nada se puede decir, mi Fuhrer. No bien decimos algo de la nada, la hacemos ser. Algo que la nada, evidentemente no es”.”Herr rektor, usted es brillante”. “También usted, mi Fuhrer”. Y no falto poco para que se besaran ahí delante de todos, pero asi, amigo Nada termina esta historia que antecede al obligatoria cambio de tu nombre, y a un replanteo de lo que deseas hacer aquí, en esta taberna apestosa.
Yo Sean Nolan, desde hoy, año 1938, transformare “La taberna de ayer” en un verdadero negocio. “¿Que harás?”. Consulto Nada, o Lord Jim. “Construiré, con mis cartas de poker, y tu invertirás en mas, Nada, para que la misma crezca, pues haré una torre de Babel, una escalera al paraíso altísimo”. Tiraron para afuera el cadáver del mago Fu-Manchu, donde los perros hambrientos esperaban disfrutar el sabor de la magra carne putrefacta pero seguramente poderosa, por pertenecer a un mago de tal estirpe.
Pronto, nada quedaría de esa carne. Pues pasaron las semanas, y “La taberna de Ayer” se transformo en la atracción de la bella Singapur. Tal era la habilidad de Sean Nolan con las  cartas que llamo a su torre de naipes, la torre de Babel, como la vieja leyenda.
En menos de tres meses tenían mucho dinero encima. Nada arreglo la taberna y empezo a ofrecer comida y bebidas finas. A la noche, Sean Nolan deslumbraba a todos con la torre de Babel, la cual ya comenzaba a salir por encima del techo, el cual tuvieron que simular hacer una chimenea.
-Y ahí es donde nos detendremos.
-No continua, que esta buena, quiero saber que paso con Sean Nolan y su torre, y porque este lugar de mierda, que se llama la taberna del ayer, con la diferencia de una sola letra con aquella, aquella que fue reluciente gracias a la llegada de Sean Nolan, muy distinta a esta, que es desagradable.
-Continuo. Y continuo, mientras desde la puerta, comenzaba a asomarse el camarero, quien estuvo toda la historia detrás parando la oreja, ya sabrán por que..

Un día, Sean Nolan no volvió, y así, pasaron los años, y jamas regreso…
Dicen, que allá, por 1946, según mas cuenta la leyenda, quiso construir una escalera hacia la tierra nuevamente, pues San pedro al llegar al cielo no consulta que traes contigo, porque sino de donde sacaría las cartas.
Así que se hizo una escalera rumbo a la tierra, y dicen que cuando por fin llego, se le apareció no Dios, ni San pedro, sino el diablo, y le dijo que para felicitarlo, le regalaría una estadía en el salón VIP del infierno.
Sean Nolan, no tan convencido, acepto a cuestas de poder regresar. Algo, y no nada, que hasta ahora nunca hizo.
Aterrizaron en un lugar algo oscuro, con mujeres pulposas, monstruosas que no paraban de alagar a nuestro campeón, que disimulo una puerta, mas bien un cartel, que decía: “Infierno salón Vip”. Alguien le abrió la puerta. Era el conde Dracula. Con solemnidad, imponente, dijo: “Soy Dracula, sea usted bienvenido”. “¿Porque tienes la cara de Bela Lugosi?”.”Porque la cara del verdadero Dracula, que es una de las formas del mismísimo Belial, no podrías soportarla”. Para agregar: “Imagínate una mezcla de lobo, tarántula, pero es el papel que aun continuo haciendo el la Paramout”. “¿Entonces no estas muerta, Bela?, exaltado Sean Nolan.”Para nada, o mejor dicho, estoy mas viva que capullo de mariposa, pasa por favor.”
Sean Nolan, paso, sabiendo que era 1946, y los vio allí a Hitler, y a Heiddeger, jugando poker. “Herr rektor, usted aun esta vivo, que hace aquí”, pregunto Nolan. “Lo pienso siempre, a través del habla, tan genial que se h a dado el hombre, y con esto de haber sido el filosofo mas grande del sigo xx y a la vez amigo de un monstruo, no se porque, pero Satan me lo permite, ¿crees que sera cierto, que puedo estar aquí, y allá?”.”Sean Nolan, el infierno no tiene limites”, intervino Dracula, para agregar :”Pero tu eliges quedarte, o volver luego, por eso nada de torres de babel ni escaleras a ningún lado, aquí hay verdadera libertad, si te quieres ir, te vas, si quieres regresar, como lo hace el rektor, puedes hacerlo, o te puedes quedar, como no lo hizo el fuhrer”. Hitler intervino, “Amigo Nolan, así es la cosa, este es EL DIABLO, llamado así desde la antigüedad hasta el cristianismo primitivo; SATAN, en la temprana tradición de los cristianos; LUCIFER, en la Edad Media; MEFISTOFELES, durante la modernidad. Y también en la biblia, Belcebu, Belial, El maligno, Abadon, Apolion. “¿Y tu como le dices, mi Fuhrer?” pregunto Nolan. “Compañero”, contesto el Fuhrer. “Vamos Nolan, únete a  nosotros a jugar poker”, dijo Heiddeger, que agrego “¿Te prendes, Dracula?. “Si”. Comenzaron a jugar, y de repente, apareció un mozo, que les trajo whisky Irlandés, escoses, de los buenos, y era nada mas ni nada menos que Fu-Manchu. Esto a Nolan, no le causo ninguna gracias, pues le dijo: “Tu, Fu-Manchu, que función cumples en esta historia?”, el mago, riéndose:”Ninguna,  función melamente decolativa”, y se fue. Siguieron jugando, hasta que Sean Nolan, le dijo al Fuhrer, :Sabes por que perdiste la guerra”.”Dímelo”.”Por esa patología tuya con los judíos. Ingleses tenias que matar, si lo hubieras hecho, hoy Irlanda seria libre”. Todos se callaron. Siguieron jugando.

Mientras se acerca el camarero, por fin.
-¿Que te pareció la historia amigo?
-Una mierda, una mierda que parece verdadera.
“¿Que les sirvo aventureros?”
-Antes que nada dos whisky, y después, Nada, se que usted estuvo escuchando todo.
“La leyenda es verdadera, mi nombre es Nada, pero ya no elijo llamarme Lord Jim, sino con otro nombre, mas artístico, pues escribo nouvells en ratos libres, y ahora me llamo…..”
Interrumpe el nombre un rayo, fuerte como la mierda, y el ruido de una puerta abriéndose, y aparece un hombre con barba, tipicamente de países del reino unido.
Nos saluda amablemente a nosotros, nos pide asiento, y le dice al camarero:
-Sin mi no eres nada.
-Sin ti, soy Nada.
-Tráeme un whisky, y dos de regalo para estos dos aventureros, me imagino que ya los habrás llamado así.
-Desde luego, me retiro.
Espera, dice el hombre de barba
-¿Como te haces llamar ahora?
-Jose Pablo Feinmann.
-Puaj, caballeros, así es la vida, un día te cambias el nombre y eres alguien distinto, que patraña, que farsa, como si yo les dijera que me llamo Sean Nolan, ¿Lo creerían?

“Bienaventurados quienes crean esto verdadero”

FMQ