Don Florencio

Y es su sepulcro templo de su gloria.

Ninguna literatura americana pudo haber mientras duró la dominación colonial”. Florencio Varela (1807-1848). Escritor, periodista, político y educador Argentino.

Muchas noches y años atrás, hubo en el añorado paraje del Tropezón, sur de Florencio Varela, una redacción de diario que fomentaba la escritura creativa y el oficio periodístico de los pocos habitantes que allí vivían, para de esa manera poder llenar de contenido el periódico con las escasas cosas sucedidas. Tal creatividad y oficio requerían que cada individuo llevara a la redacción una crónica de algo investigado o bien -que aunque sea- le haya interesado, y así mediante la aprobación del eminente director, se lo premiaba con la participación en el periódico. Pero nada interesaba ni ocurría. Eran unos pocos los aventureros que en verdad se animaban a buscar las noticias sabiéndolo, y otros –la gran mayoría- optaba por inventarlas, y así el diario subsistía, hasta que las mentiras eran comprobadas y se reclamaba mayor veracidad.

Es preciso para el relato, recordar el caso de la última persona que comprobó las mentiras, un joven aventurero que dejo su vida en el agotador seguimiento a cada persona para comprobar que incurría en la falacia, anotando las mentiras a modo de crónicas, incluidas las del propio director, que al recibir lo narrado para ser presentado en el diario, lo reprimió a modo de reto y lo consideró un conspirador, acusando sobre sus crónicas una falta de respeto absoluta a la condición humana, de una tarea irónica propia de un joven insolente, que se reía de la vida de la pobre gente, y obviamente de la del director.

Apenas días más tarde, al joven no se lo vio más. Algunos dijeron que huyo de la vergüenza, otros comentaron que por estar en desacuerdo con algún ideal, vaya a saber cual, persiguió otros en tierras más lejanas. Algunos alardearon que se mato, fue lo mismo. Poco a poco, el pueblo lo olvido. Hasta que pasaron los años, y su destino fue conocido a nivel nacional, con su muerte de manera cruel a manos del poder reinante de la época. El diario; con aires de culpa y un aliento fresco del que poco se caracterizó; ese día no fue ajeno, y con una sola página en su edición, lo recordó:

“Lentamente parpadea y su mirada queda quieta, fija, como esas miradas que parecen que lo ven todo, cuando la realidad se les viene encima. Y piensa si debe avanzar, seguir, continuar, o pensar, por un breve momento, en otras miradas que lo ven así, pasar. Así es como está este joven al momento de partir del pueblo hacia su futuro, futuro que se le vino fugazmente como su mandato lo exigía, por ser el primer y único en decir la verdad en el pueblo, nacido y criado en el lugar, con el objetivo enfocado en encontrar otro con mas merecimiento, con mas retribución, que se jacte de su lucha por ideales más justos. Dejando atrás todo, tanto la familia, como los vecinos, los escasos amigos, y hasta algunos perros curiosos, nos sumamos a esta proeza interminable, para despedirlo en la entrada de la gloria, como a un héroe al que ansiamos ver triunfar, para verlo regresar con las mayores condecoraciones posibles, por ser digno de representarnos a los que luchamos contra las garras del poder. Mientras ellos, continúan así de ignotos, así de desapercibidos, con la vida que llevan, cargando con el peso del engaño, el fracaso y el olvido. Características del poder que condenamos para siempre. Así como muchas veces se hace con la historia. Clavándole un puñal por la espalda”. No está demás decir que fueron las últimas palabras del Diario, y que sus puertas cerraron para siempre. El director, dicen, desapareció, pero el joven, ese mismo pueblo que hoy lleva su nombre y lo evoca muerto a la libertad para ser nacido a la historia, quedo inmortalizado, para siempre, para ser nombrado por noches interminables.[i]

[i] CATEGORIA LIBRES. Cuento relato y poesía. Nombre: Federico Miguel Quinteiros. Edad: 22 años. Dirección: Cabildo 2296. Teléfono: 1521765377. Mail: Federicoq8@hotmail.com

Advertisements

El diván II: amok conductismo

Afuera comenzaba a llover.

Y adentro del consultorio continuaban con la sesión, que a veces puede llegar a ser eterna si se hablan meras sandeces como las que se estaban hablando, con un psicoanalista falopero, y un niño con grandes probabilidades de contraer el síndrome amok, o sea, dos desquiciados sin lugar en la sociedad. Y sin ninguna identidad o entidad intelectual que respalde la conversación, pareciéndose a una charla de café, la única diferencia que convertía esto en una sesión era que una de las partes pagaba sometiéndose y la otra cobraba para aconsejando y experimentando al fiel estilo del conductismo.

-¿En que quedamos, Patricio?- Pregunta el psicólogo social con elevados estudios en su haber y una gran dosis recién consumida.

-En lo de que nada es verdad, que la realidad es ilusión, o por lo menos eso entendí.

-Ah, si, eso de que todo es mentira, no te lo tomes tan a pecho, porque por algo estas acá, para ver que la realidad es lo real y viceversa (Hegel detected, pensó para sus adentros el psicoanalista) , mas que nada para que entiendas algunos mecanismos que tiene la gente para desarrollar su vida.

Hubo un trueno que silenció por un gran momento la apasionante iluminación filosófica del psicoanalista, hasta que Patricio, dijo:

-Quiero irme.

-¿A donde?-mirándolo fijamente a los ojos y reclinándose hacia delante.

-A mi casa.

-¿Para qué?

-No se, pero usted no me cae bien.

-Así que no te caigo bien-dijo el psicoanalista, mientras se levantaba y caminaba hacia la mesa de luz, para traer consigo un juguete de color negro, y dárselo a Patricio, quien lo recibió con mucha sorpresa. -Ahora dispara- le dijo el psicoanalista -Si no me soportas, dispara, pendejo.

-Creo que no debo- dijo Patricio. -Pero usted me hartó, lo voy a matar, como mis padres malditos, y toda mi familia que siempre esperan algo de mi cuando lo único que quiero es que no me rompan las pelotas, o mis mismos compañeros, que no se dan cuenta de que comemos de la basura que nos ofrece la escuela todo el tiempo, los voy a matar a todos, y mas a usted, que me dice lo que tengo que hacer, ¡tome!.

Y el disparo apenas resonó en el consultorio como el pequeño chirrido de frenos que siempre fue, viendo Patricio que acababa de ser parte del experimento conductista que le había avisado el especialista al comienzo, al que ahora veía desde una especie de niebla susurrándole:

-Te esperan tus padres afuera, Patricio, nos vemos en la próxima.

Y una vez terminada la sesión, el especialista anoto en su libreta: Síndrome amok, negativo.

Afuera seguía lloviendo, con mayor intensidad.