Movimientos/pensamientos sin importancia/relevancia

Este dialogo ocurrió en el tren Roca entre dos jóvenes menores de edad. Que debatían acerca del interés reciente de la gente por un nuevo movimiento social. De potencial masividad, y de si estaba bien que ahora que todo se había masificado, los “nuevos” vengan a imponerse como “los que estuvieron siempre”, queriendo reclamar un lugar, cuando aquellos que arrancaron, eran apenas pocos, como todo lo que arrancó alguna vez. Uno le decía al otro:

-Sabes lo que me da bronca, esos que vienen por moda, al pedo, son unos inservibles.

-¿Y nosotros no lo somos?- contestó valientemente el compañero.

-Nosotros no, porque no somos falsos y a la cultura le aportamos nuestro granito. Vinimos cuando esto no era nada. Me extraña de vos, que estas desde que esto empezó.

-Y que querés, que te den algún premio por haber estado cuando el barco ni sabia a donde iba, es mas, aun ni despegaba. Como si ahora fuese a llegar a algún lado.

-Pero no se trata de llegar, sino de estar, arriba del barco, y que vengan otros que nunca estuvieron, a estar, es malo para la cultura, no la enriquece, sino todo lo contrario.

-Si vamos así, nunca nos vamos a poner de acuerdo. Eso decís vos, yo opino lo contrario. Y es mas, opino que los que vengan, van a mejorar la cultura porque la van a superar, es superación dialéctica pura.

-Estas flasheando cualquier cosa.

La locomotora se había detenido. El otro se levanto de su asiento, y dijo, con aires de resignación:

-Lo que digo es que alguien que no quiere que otro entre en su entorno tiene un doble sentimiento encontrado, por un lado, que esos que entran, que lo hacen por moda, sean mejores, y por el otro, que solo vengan a molestar. Que se le va a hacer, nada te puedo decir amigo, pues corren los tiempos en que a nadie le interesa lo que piensa otro, porque todos hoy en día intentan sacar sus propias conclusiones. El problema no radica en como les va a aquellos que sacan sus propias conclusiones descreyendo de aquellos que también las piensan, sino en su falta de autoridad, que se impone como “verdad” cuando se la acepta como tal.  Nos vemos.

Rápido descendió del convoy, y recordé que yo también bajaba en esa estación.

Y así fue la charla que escuche, de dos amigos, desencontrados, con pensamientos que no tenían relevancia para un don nadie como yo, ni tampoco la fascinación del movimiento y lo que se pensaba sobre el mismo.

 

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Perro Juan, epitafio.

El viejo piensa en la muerte del perro y se habla para si mismo, como contándose la historia, lo que esta haciendo:

“El viejo se dispone a cavar la tumba de su único amigo el perro, pero piensa un instante y se dice a si mismo que debe esperarlo a él antes de comenzar. Ese joven que estuvo con él siempre, hasta que opto salirse de los destinos de los fracasados para ir por el camino de los triunfadores. Ese que ahora está ocupado, como nunca lo había estado, acusando que los jóvenes tienen cosas más importantes que hacer que sentarse a tomar mate en un patio mugriento y recordar lo poco que han vivido, y que no tienen tiempo para cuestiones que son contrarias a la vida que llevan, que los impulsa a elegir, a decidir, para luego pretender y finalmente esperar. Lejos de tratar de comprender, lejos de imaginar que alguna vez todo fin aventurero e irremediable del que nunca se quiso hacer mención, llegara para apagar ese pequeño fuego de igual modo que los dedos mojados con saliva lo hacen con las pequeñas llamitas de las velas”.

Pero la leve llovizna lo obliga a cavar el pozo rápido, y todo pensamiento se disuelve, nada mas, en la tumba de ladrillos y cascotes se imagina poner:

“Querido Juan, donde quieras que estés, sabeme perdonar

Por tan solo haberte ofrecido, mi familia, las retadas y un hogar

La lluvia no lograra que te olvidemos, como tampoco que no te recordemos

Mis nietos, mis hijos, tal vez, vengan aquí a visitarte, para decirte, que

nunca te olvidaremos.”

Pero tampoco, porque llueve mucho.

Días después, al visitar la tumba, se encontraran con la sorpresa de que en la misma hay un limón, como señal de agradecimiento, o de respeto. Dara lo mismo, porque le echaran la culpa al que se quedo solo, no a los peces, o al canarito el pipi, sino al otro perro, el negro, el pancho.

Recuerdos de mi fantasma

Otra vez en este pasillo interminable. Pensando en robar cuentos, historias, recaí en este tugurio de mala muerte.

¿Sigo dormido? ¿Quién es ese? Se parece al que me dio esa cosa por el brazo antes de dormirme. Voy a prender la luz que está muy oscuro. Qué les pasa a esas mujeres blancas ¿Por qué vienen así caminando tan deformes hacia mí? ¿Y quienes son estos que vaguean por este pasillo?
-¡Hola!…¿Hola?…¿Me escuchan?…Digan algo.

Nadie dijo, nada. Y eso fue que le escuche decir, o tal vez preferí no escucharlo.

Continuo en recuperación. No soportaría que no me reconozcan.